La crisis de los Leones de Yucatán ha dejado de ser un bache para convertirse en un abismo, y la derrota de anoche 6×5 ante los Olmecas de Tabasco no es más que el síntoma de un mal crónico. El equipo yucateco ha perdido la brújula, y lo que es peor, ha canjeado su histórico rugido por una preocupante falta de bateo oportuno que castiga cualquier intento de redención.
Los números en el Parque “Centenario 27 de Febrero” son el retrato hablado de un equipo destinado al fracaso si no hay cambios drásticos. Jits sin puntería: A pesar de conectar una docena de imparables -la misma cifra que su adversario-, la ofensiva melenuda fue incapaz de dar el tiro de gracia.
Corredores en el olvido: Nueve fieras se quedaron suspirando en las colchonetas, víctimas de un bateo que se congeló en los momentos de apremio registrando un anémico 2-10 con hombres en posición de anotar.
Relevo de papel: A esta anemia ofensiva se suma un relevo vulnerable, incapaz de preservar ventajas o de meter el juego en el congelador cuando la situación lo exige.
Con la sexta derrota al hilo y la tercera serie perdida de seis disputadas, queda claro que la directiva armó un conjunto de “gatitos de sala”. Sin fuerza en la caja de bateo y sin brazos confiables en el relevo, los Leones siguen tocando fondo en la Zona Sur, confirmando que hoy por hoy, la mística de campeón es solo un recuerdo que se desvanece en el sótano del standing.
Los Leones borraron la tempranera ventaja de los “Chocos” en la primera entrada, con jugoso racimo de 4 carreras en el tercer rollo que coronó doblete de Wynton Bernard con el que limpió los senderos repletos de fieras, después que Edwin Ríos remolcó, con imparable, la carrera del empate.
El conjunto tabasqueño se acercó en el tercer episodio al aprovechar un error de César Valdez, quien facilitó la anotación de Angelo Castellano -abrió con jit-, en fallito intento de revirada, que envió al corredor a la intermedia desde donde anotó con sencillo productor de Marco Hernández, haciendo efectivo el adagio beisbolero.
En este deporte, la gestión en los momentos críticos define el destino de un juego, y el timonel melenudo, Sergio Omar Gastélum volvió a quedar bajo la lupa. La derrota de los Leones no solo se explica por la falta de bateo oportuno, sino por una gestión del pitcheo que resultó tan tardía como costosa, dejando que el brazo de César Valdez fuera castigado innecesariamente en la cuarta entrada.
Ese episodio fue el escenario de una decisión que terminó por hundir la mística de las fieras.
Con los senderos repletos de “Chocos”, tras recibir tres imparables, el estratega permitió que Valdez permaneciera en la loma solo para ver como un doblete de Marco Hernández limpiaba las bases.
Fue hasta después de ese tablazo letal cuando Gastélum decidió aplicar la grúa, exponiendo a “La Cabra” a un castigo que bien pudo evitar con un relevo a tiempo. Este manejo errático del pitcher abridor, sumado a un bullpen que no ofrece garantías, confirma el desolador panorama de la directiva: han armado un equipo sin garra, donde incluso los ases son abandonados a su suerte.
Hasta el “Lucky Seven” los melenudos emparejaron la pizarra con elevado de sacrificio de Henry Ramos que remolcó a Dalton Guthrie. Sin embargo, en el cierre, los Olmecas asestaron el golpe definitivo al combinar una base por bolas que recibió el emergente Randy Romero, quien se estafó el segundo cojín y doble productor de José Godoy, selló el triunfo de Tabasco.
La victoria fue para Chávez Fernander, la segunda de la temporada, con el primer salvamento de Fernando Salas, quien obtuvo su 98 rescate en la Liga Mexicana de Béisbol (LMB). La derrota fue para el zurdo venezolano Edwin Escobar (1-1).
Ronnie Williams buscará evitar la barrida por los Leones de Yucatán, mientras que Jeremy Rhoades tratará de que las fieras acompañen a los tabasqueños en el fondo de la Zona Sur.
(Juan Diego Casanova Medina
